Para mí, lo más difícil después de mi ruptura y de empezar de nuevo no ha sido perder lo que tenía.
Ha sido volver a creer que era capaz de construir algo mejor.
Volviendo a mirar las imágenes de los inicios en este lugar, me doy cuenta de cuanto dolor no supe expresar, pensaba que al reconocerlo se quedaría para siempre, me veo y entiendo que estaba enfocado en utilizar ese dolor para no rendirme.
A veces pensamos que nuestro crecimiento proviene de los errores, de los buenos consejos, de las victorias o cuando mantenemos una conversación trascendental.
Pero creo que el crecimiento ocurre en silencio, en esos miles de momentos pequeños que ni siquiera recordamos.
A lo largo de nuestra vida, cada vez que resolvemos un problema, reaccionamos ante una dificultad, cuidamos de un espacio, disfrutamos de una compañía, saciamos el hambre o, simplemente, levantarnos de nuevo… estamos creciendo en silencio sin que el mundo se de cuenta.
Antes de convertirnos en quien queremos ser, aceptamos una normalidad. Y esa normalidad acaba convirtiéndose en la fuerza más profunda que podemos tener.
Si algún día mi hijo se encontrara en una situación parecida a la mía, no tendré que darle un gran discurso. Solo le recordaré lo que vio aquí:
Que tu peor momento nunca sea tu hogar definitivo. Que sea solo el punto de partida de tu nueva historia.
Habría sido suficiente
Si te hubiera sostenido aquel 3 de julio en brazos, sin haberme sometido a juicio alguno, habría sido suficiente.
Si me hubieras sometido a juicio sin haber destruido mi ego, habría sido suficiente.
Si hubieras destruido mi ego, sin haberme mostrado quién era, habría sido suficiente.
Si me hubieras mostrado quién era, sin haber cambiado a quien yo era, habría sido suficiente.
Si hubieras cambiado a quien yo era, sin haberme entregado tu tiempo, habría sido suficiente.
Si me hubieras entregado tu tiempo, sin haber ahogado mi amor por ella. Habría sido suficiente.
Si hubieras ahogado mi amor por ella, sin haberme ayudado a cruzarlo en soledad para entenderlo. Habría sido suficiente.
Si me hubieras ayudado a cruzarlo en soledad para entenderlo, sin haber demolido en él mis convicciones, habría sido suficiente.
Si hubieras demolido en la separación mis convicciones sin haber aliviado mi corazón con tu presencia, habría sido suficiente.
Si me hubieras aliviado el corazón con tu presencia, sin haberme alimentado con sonrisas y alegrías, habría sido suficiente.
Si me hubieras alimentado con sonrisas y alegrías, sin haberme obsequiado con un propósito, habría sido suficiente.
Si me hubieras obsequiado con un propósito, sin haberme devuelto a mi madre al presente. Habría sido suficiente.
Si me hubieras devuelto a mi madre al presente, sin haberme revelado su amor, habría sido suficiente.
Si me hubieras revelado el amor de mi madre, sin haberme conducido a la paternidad. Habría sido suficiente.
Si me hubieras conducido a la paternidad sin haberme librado de adicciones y destrucción, habría sido suficiente.
Si me hubieras librado de adicciones y destrucción sin haberte sostenido en brazos aquel 3 de julio. No habría sido suficiente.
Si no te hubiera sostenido aquel 3 de julio de 2021, te hubiera esperado para ser padre, pero fui elegido, al igual que este momento, y es suficiente.