Para mí, lo más difícil después de mi ruptura y de empezar de nuevo no ha sido perder lo que tenía.
Ha sido volver a creer que era capaz de construir algo mejor.
Volviendo a mirar las imágenes de los inicios en este lugar, me doy cuenta de cuanto dolor no supe expresar, pensaba que al reconocerlo se quedaría para siempre, me veo y entiendo que estaba enfocado en utilizar ese dolor para no rendirme.
A veces pensamos que nuestro crecimiento proviene de los errores, de los buenos consejos, de las victorias o cuando mantenemos una conversación trascendental.
Pero creo que el crecimiento ocurre en silencio, en esos miles de momentos pequeños que ni siquiera recordamos.
A lo largo de nuestra vida, cada vez que resolvemos un problema, reaccionamos ante una dificultad, cuidamos de un espacio, disfrutamos de una compañía, saciamos el hambre o, simplemente, levantarnos de nuevo… estamos creciendo en silencio sin que el mundo se de cuenta.
Antes de convertirnos en quien queremos ser, aceptamos una normalidad. Y esa normalidad acaba convirtiéndose en la fuerza más profunda que podemos tener.
Si algún día mi hijo se encontrara en una situación parecida a la mía, no tendré que darle un gran discurso. Solo le recordaré lo que vio aquí:
Que tu peor momento nunca sea tu hogar definitivo. Que sea solo el punto de partida de tu nueva historia.
No sé cuál es la verdad, pero esta es mi realidad
O cómo enseñarle a un hijo a poner en palabras lo que le incomoda Para entender en qué consiste mi visión sobre Herencia Paternal y la estructura de este marco de crianza, es necesario sentar primero unos principios fundamentales. No podría enseñar a mi hijo a navegar por el mundo sin antes entender yo las … Leer más