Hubo un tiempo en el que odiaba la Navidad
La Nochevieja y el Año Nuevo los pasaba arriba, en la montaña, intentando estar lo más cerca posible de mi madre y de mi abuela
Allí comprendí que porque las cosas no me hayan ido bien no era justo dejar de ver la vida como el regalo que es
Esto es un fragmento de una de muchas cartas que dejé arriba, con la esperanza de volver a ser feliz
Faltaba poco para llegar a la cima del Monte Allalinhorn
La brisa del alba acariciaba mi cara y los primeros rayos del sol se reflejaban en la roca fría
Tuve miedo, esos 40 metros de roca a 4.000 metros me separaban de la cima y me encontraba solo
En ese momento cerré los ojos e imaginé que tú estarías arriba y, en caso de necesitarlo, me echarías una mano
Así comencé a escalar, con los crampones puestos, y sin darme cuenta, la cima se mostró ante mí
Arriba no había nada que pudiera hacer o decir
Una amplia sonrisa en mi rostro le hacía la competencia al sol por iluminar el cielo
Permanecí mudo e inmóvil, contemplando la belleza infinita que me rodeaba
Era un sentimiento puro
Por un instante creí que me había vuelto transparente
Que estaba en el cielo, a tu lado y al de la abuela
Que ya no pertenecía a este mundo
Entonces me sobró todo… y ya no necesité más razones para entenderlo
Tal vez eso sea la Navidad para muchas personas
Recordar
admin
Bajar
Después de subir, aunque no queramos, toca bajar.
Siempre.
Y seguir caminando.
El descenso, hasta la civilización fue muy largo.
Me encontraba cansado, pero con el alma plena, de recuerdos y de nuevas experiencias.
Me hubiera gustado que estuvieras allí, para abrazarme.
Y quizás, abajo, en los valles, las pesadillas dejaran paso a momentos de alegrías.
Tú sabes, mamá, que el modo como afronto cada uno de mis días
determina cómo me enfrento a la vida.
Tú sabes mamá que la vida es un viaje que nos regalan, y que eso ya es mucho
para las personas que lo perdimos todo.
Así que sólo espero que mi camino esté lleno de muchas sorpresas y experiencias nuevas así como de muchas sendas para darme buenas palizas.
Mientras tanto, tienes que saber que te quiero al igual que a la abuela y que cuando estoy por allí arriba siempre os llevo donde más calor hace, cerca del corazón.
Quizás sea una buena promesa para comenzar un nuevo año.
Aceptar que los que no están, ya no volverán…
y aprender a caminar con su ausencia.
Noviembre
Ya ha entrado el frío, y noviembre siempre llega en silencio
dejando tiempo para mirar hacia dentro.
Donde se esconden los miedos
Y, aun así, aquí contigo, frente al fuego,
todo se siente distinto.
Porque tú llegaste cuando más dudas tenía,
cuando pensaba que ya no tenía fuerzas.
Y sin saber hablar, cambiaste mi forma de mirar.
Me diste aire… y un motivo para seguir.
Ahora, cuando te veo así, en el colchón tirado,
siento que el invierno ya no miedo.
Que lo que antes era oscuridad
hoy tiene sonidos que recuerdan alegrías.
No sé qué traerá el futuro,
Y aunque allá afuera el mundo sea duro,
aquí, contigo, todo parece demasiado bonito.
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