Bajar

Después de subir, aunque no queramos, toca bajar.
Siempre.
Y seguir caminando.
El descenso, hasta la civilización fue muy largo.
Me encontraba cansado, pero con el alma plena, de recuerdos y de nuevas experiencias.
Me hubiera gustado que estuvieras allí, para abrazarme.
Y quizás, abajo, en los valles, las pesadillas dejaran paso a momentos de alegrías.
Tú sabes, mamá, que el modo como afronto cada uno de mis días
determina cómo me enfrento a la vida.
Tú sabes mamá que la vida es un viaje que nos regalan, y que eso ya es mucho
para las personas que lo perdimos todo.
Así que sólo espero que mi camino esté lleno de muchas sorpresas y experiencias nuevas así como de muchas sendas para darme buenas palizas.
Mientras tanto, tienes que saber que te quiero al igual que a la abuela y que cuando estoy por allí arriba siempre os llevo donde más calor hace, cerca del corazón.
Quizás sea una buena promesa para comenzar un nuevo año.
Aceptar que los que no están, ya no volverán…
y aprender a caminar con su ausencia.