Hubo un tiempo en el que odiaba la Navidad
La Nochevieja y el Año Nuevo los pasaba arriba, en la montaña, intentando estar lo más cerca posible de mi madre y de mi abuela
Allí comprendí que porque las cosas no me hayan ido bien no era justo dejar de ver la vida como el regalo que es
Esto es un fragmento de una de muchas cartas que dejé arriba, con la esperanza de volver a ser feliz
Faltaba poco para llegar a la cima del Monte Allalinhorn
La brisa del alba acariciaba mi cara y los primeros rayos del sol se reflejaban en la roca fría
Tuve miedo, esos 40 metros de roca a 4.000 metros me separaban de la cima y me encontraba solo
En ese momento cerré los ojos e imaginé que tú estarías arriba y, en caso de necesitarlo, me echarías una mano
Así comencé a escalar, con los crampones puestos, y sin darme cuenta, la cima se mostró ante mí
Arriba no había nada que pudiera hacer o decir
Una amplia sonrisa en mi rostro le hacía la competencia al sol por iluminar el cielo
Permanecí mudo e inmóvil, contemplando la belleza infinita que me rodeaba
Era un sentimiento puro
Por un instante creí que me había vuelto transparente
Que estaba en el cielo, a tu lado y al de la abuela
Que ya no pertenecía a este mundo
Entonces me sobró todo… y ya no necesité más razones para entenderlo
Tal vez eso sea la Navidad para muchas personas
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