De la verticalidad de Los Vados a la calma del gallinero
Una pequeña historia de libertad… y unas gallinas felices.

«La escalada rescató mi vida de una existencia cómoda y mediocre. Esta vida, que yo mismo elegí, me llena profundamente recordarla.»
Hace más de 25 años venía desde un pequeño pueblo de Málaga a escalar en Los Vados.
A veces hacía autostop.
Otras veces algún escalador me hacía un hueco en su coche.
Pasábamos el día colgados de estas paredes de roca,
pensando solo en el siguiente movimiento.
Nunca imaginé que, tantos años después, el destino me traería a vivir aquí.
Ahora vivo a apenas un par de kilómetros de esta pared.
Hoy sigo mirando esas mismas montañas,
pero desde otro lugar.
Desde una pequeña finca donde vivo con mi hijo.
Tenemos un pequeño gallinero y unas cuantas gallinas que viven tranquilas, al aire libre, como nosotros.
Y como ponen más huevos de los que consumimos…
compartimos el excedente con quien pasa por aquí.
Huevos del día (Sobrantes familiares) No somos una granja. Somos un padre y un hijo con 12 gallinas que viven como nosotros: a su aire. Como ponen más de lo que consumimos, compartimos el excedente con quienes pasáis por aquí.
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Aportación: 2.50€ / docena (para su cereal y cuidados).
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El Trueque: Si escalas y tienes paciencia, cambio huevos por enseñarle a mi hijo a amar esta roca.
